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Por las calles de la Habana

20 Apr

Conocer Habana es una experiencia única porque nada es parecido con Cuba. Es un viaje a través del tiempo, una clase de historia, una escuela de danza y un ejemplo de pueblo.

La Habana también es tema para largas discusiones de bar. Los edificios muy (MUY!) antiguos y los coches que ya no son fabricados hace tiempo pueden ser un encanto o polémica. Pero de hecho no hay como pasar por la ciudad indiferente a los detalles alrededor.

Che Guevara finalmente insertado en el contexto.

Tuvimos la suerte de llegar justo durante el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano para mirar algunas películas en salas de cine gigantes y aprender un poco del nuevo español.

Una de las cosas que más no llamó la atención fue la belleza de las personas. La belleza exterior, pues los cubanos parecen ser casi todos de la selección de voleibol o salidos de una sesión de fotos; y la belleza interior, de una gente que mantiene una alegría y esperanza envidiables dentro de una realidad tan controvertida.

Lo más especial de ese viaje fue las personas que nos recibieron. Quedamos en una casa de familia y partimos como se saliéramos de viaje por primera vez. Yo, Priscila, me quedé enferma por la mayor parte del tiempo y fué mimada con té de la abuela y abrazos del abuelo. Mientras eso, Victor ganaba mojitos gratis todos los días.

¡Viva Cuba!

Por las calles de Puebla

13 Mar

La segunda ciudad que visitamos en México fue Puebla, a un poco más de una hora desde la capital del país. Es una mezcla de gran ciudad industrial y centro histórico que vale mucho la pena ir. Allá conocimos el Barrio de Xanenetla y su bonita historia.

El barrio fue un lugar muy peligroso con alto niveles de violencia por mucho tiempo. Hoy es una atracción turística gracias al proyecto Puebla Ciudad Mural del Colectivo Tomate.

En este proyecto, los artistas voluntarios crean propuestas de dibujos para las fachadas de las casas y los habitantes están envueltos en el proceso: cuentan las historias de sus familias, aprueban el trabajo artístico y ayudan en la pintura.

En el inicio, algunas personas no aceptaron participar. Pero así que salieron los primeros murales, cada vez más familias se unieron al proyecto.

El resultado es de calles de más circulación con turistas y policía. Sí, el arte también puede servir la sociedad trayendo belleza, integración, dignidad y seguridad.

Paseando por Xenenetla, vimos habitantes y comerciantes orgullosos de su barrio. Y nosotros nos quedamos igualmente orgullosos de ver una iniciativa como esa.

¡Viva el Día de Muertos!

16 Feb

Ya hace un tiempo, pero teníamos que decir la razón por la cual volamos desde Chile directo a México. 2 de noviembre es el Día de Muertos, una fecha muy triste en muchos lugares incluso en Brasil, pero no para los mexicanos! Aquí es celebrado – y la palabra es esa misma, “celebrado” – el Día de Muertos. Según la leyenda, en ese día, los muertos vuelven a la tierra para encontrar sus familias y personas queridas. ¿Y quien dijo que eso tiene que ser triste y gris? Si en otros lugares es un día de lamentación, aquí es celebrado el encuentro.

Catrinas muy bien arregladas.

En cualquier lugar se puede ver las ofrendas donde está todo lo que el familiar gustaba en vida. Son arreglos muy bonitos llenos de colores, flores, fotos, calaveritas felices y golosinas.

Tuvimos la oportunidad de presenciar dos fiestas bien distintas: en la capital y en una pequeña ciudad llamada Pátzcuaro. En Ciudad de México es algo muy parecido con el Halloween, y los niños salen disfrazados por las calles para pedir dulces. Son disfraces de monstruos, brujas, momias y otras muy creativas, todo de una forma bien divertida.

¡Fuimos preparados para distribuir dulces!

En Pátzcuaro, más precisamente en la isla de Janitzio, la fecha es celebrada de la forma más tradicional. Las familias van a los cementerios – o panteones – adornar y hacer las ofrendas en las propias lápidas, y todos pasan la noche tomando, comiendo y divirtiéndose con los amados que ya se fueron. Puede sonar raro para algunos, pero es una forma muy respetuosa y, en la verdad, muy bonita y natural de ver la vida y la muerte como realmente son: pasajes.

Cempasuchitl, también llamada de Flor de Muerto.

Y mientras seguimos aquí, ¡hagamos fiesta!

Por las calles de la Ciudad de México

2 Feb

Volamos desde Chile a México por razones que hablaremos después. Cuando llegamos, la impresión fue de la total dualidad de la capital. Es una de las mayores metrópolis del mundo y, al mismo tiempo, está muy conectada con su historia y tradiciones.

Justo en nuestro primer paseo, caminando por el Bosque Chapultepec, tuvimos la gran suerte de presenciar a una boda pre-hispánica. Ofrendas, plumas, músicas y danzas ancestrales traen pensamientos, colores y energia muy actuales.

No podíamos dejar de visitar el mayor museo de antropología del mundo. Tan grande cuanto el museo es el respeto y orgullo que la gente tiene con su historia.

 Cerca de DF está Teotihuacan, ciudad azteca con pirámides, calles y museos muy conservados enseñando como la sociedad ya era desarrollada y compleja en aquella época.

Algunos ingenieros de hoy tienen mucho que aprender con esa técnica. ;)

De vuelta al centro de la capital, venimos una exposición al aire libre de alebrijes gigantes en Zócalo.

Los mexicanos no tienen miedo de mezclar las colores. El resultado es siempre lindo.

Para concluir, fuimos a los paseos obligatorios que son la casa y el estudio de Frida Kahlo y Diego Rivera. Vida y trabajos muy fuertes están representados desde los cuadros expuestos a las sábanas y paredes de la casa.

Después de un baño de cultura, estamos listos para ver lo que los jóvenes artistas están produciendo por aquí. Tal vez esa mezcla del pasado y del contemporáneo sea el secreto para tanta creatividad y originalidad. Es lo que vamos a descubrir juntos en las próximas publicaciones.

Por las calles: circuito Neruda

16 Jan

Aunque este proyecto sea una búsqueda de jóvenes artistas, el reconocimiento de nuestras grandes referencias es parte de lo que somos hoy. Fue eso lo que nos hice a visitar las tres casas de Pablo Neruda: La Chascona (Santiago), La Sebastiana (Valparaíso) y Isla Negra.

La primera fue contruída para su amante Matilde, que después se hizo su esposa. Chascona era como él llamaba a ella. Toda la casa es una gran declaración de amor a Matilde (si ni Neruda deja de ser piegas por ella, no soy yo quien voy a intentar evitar).

   La flor despeinada es un símbolo de la casa y se encuentra en todas las partes.

Nuestra segunda parada fue en una ciudad llamada Valparaíso (suspiro). Es una ciudad portuaria linda y, como gran parte de ella se queda en los cerros, se puede tener una vista maravillosa de cualquier lugar.

   Y esta era la nuestra.

Entre muchos atractivos de Valparaíso está la chorrillana, plato típico chileno que nació por allá, y nosotros llegamos al lugar que se dice creador de la verdadera receta.

Camino sin retorno para la peridición gastronómica.

Sólo la casa de Neruda sería una publicación en separado. El tipo, además de la carrera diplomática y un Premio Nobel, también sabía proyectar una casa.

El punto final fue en Isla Negra. Neruda es famoso por la pasión por el mar, y sus casas no me dejan mentir. Todas fueron construidas como se fueran un navío. Es prohibido quitar fotos dentro de ellas, pero sólo con este detalle tenemos una idea:

Pablo Neruda juntava los amigos en este barco a la izquierda para beber y, siempre que pasaba un navío frente a su casa, él tocaba esa campana de la foto, porque este es el saludo entre capitanes.

La casa de Isla Negra es donde están los mayores tesoros de Neruda. Él coleccionaba todo: copas, caballos de madera, piezas de navío… La casa es también el lugar que él eligió descansar al lado de Matilde, la Chascona.

Neruda no era un poeta sólo de palabras, y visitar a sus casas es cómo leer tres libros imperdibles. Difícil terminar un post sobre él, entonces dejo aquí uno de sus poemas, que es mi preferido:

Aquí en la isla
el mar
y cuánto mar
se sale de sí mismo
a cada rato,
dice que sí, que no,
dice que no, que no, que no,
dice que sí, en azul,
en espuma, en galope,
dice que no, que no,
no puede estarse quieto.
Me llamo mar, repite
pegando en una piedra
sin lograr convencerla.
Entonces
con siete lenguas verdes,
de siete perros verdes,
de siete tigres verdes,
de siete mares verdes,
la recorre, la besa,
la humedece
y se golpea el pecho
repitiendo su nombre.