La primera y única pelea

17 Jan

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Y fue más o menos así, con la tranquilidad de un monje budista, que Victor me ayudó a ser una persona (y novia, y compañera de viaje) mejor. Sí, tuvimos que volver a Valparaíso para recoger mi pasaporte y él no abrió la boca para darme un sermón. Después de eso, nunca más tuve coraje (y motivo también) para reclamar de nada y la paz reina en el Proyecto Nosotros. Fin.

¡Chicos, aprendan!

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